Desde la Alta-Auvernia hasta el País de los Borbones, de las llanuras verdosas a las cumbres de los volcanes, Auvernia es la madre satisfecha de seis países que se tocan, se protegen y se complementan.
, el agua juega salvaje por las Gargantas del Allier y el Mont Gerbier-de-Jonc, la fauna y la flora pasean con tranquilidad por un jardín de “Clorofila” que hace las delicias de los amantes de los deportes en plena naturaleza.
La historia se esconde en los pueblos, las iglesias románicas y los castillos. La fe se inscribe en el paso de los peregrinos hacia Santiago de Compostela.
, en la Alta Auvernia reina la Salers, vaca noble de piel rojiza.
Los Montes de la Margeride vigilan las tierras de granito, de landas y bosques frondosos. Antaño, la Bestia de Gévaudan sembraba el terror.
Saint-Flour y Aurillac conservan las huellas de una rica historia.
, surgen los Volcanes. El Macizo del Cantal, los Montes Dore, y la cadena de los Puys forman el conjunto volcánico más imponente de Europa.
La cadena de los Puys es una columna vertebral coronada por 80 volcanes dormidos, los Montes Dore juegan el papel del vértigo en horizontal y el Macizo del Cantal ofrece una visión de lo que puede ser el infinito.
, , en Livradois y Forez, la naturaleza muestra sus múltiples facetas (bosques de abetos en los Montes de Forez y planicies de granito en Livradois).
El talento de los hombres ha conducido al florecimiento de oficios artesanos, como la cuchillería en Thiers.
, Auvernia se hace noble y preciosa.
El país de los Duques de Borbón cuenta con un rico patrimonio histórico, en Moulins y en Bourbon-l’Archambault.
Aquí el agua muestra su majestad. Sus virtudes atraen a numerosos curistas a las estaciones termales, siendo la más famosa de ellas Vichy.
, el Bosque de Tronçais esparce sus 10.000 hectáreas de arbolado y forma el encinar más grande de Europa. Más al sur, el Sioule conduce hacia los Combrailles, una tierra emocionante y discreta.
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